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domingo, 22 de octubre de 2006
Algo extraordinario debe estar ocurriendo, cuando un filósofo de la talla y la edad de Gustavo Bueno, dedica un libro entero (de 367 páginas) a un personaje de la talla de Rodríguez Zapatero y su Alianza de las Civilizaciones. Creo que Don Gustavo, se preocupa excesivamente por nimiedades evanescentes.

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Tras leer buena parte del libro del señor Bueno, tengo que decir que por una vez, sin que sirva de precedente, no estoy de acuerdo con la denominación que ha propuesto de “pensamiento Alicia”, para las “buenas ideas” con que nos sorprende nuestro eximio presidente del gobierno, aquí y ahora, a comienzos del siglo XXI. No creo que haya pensamiento, más bien, debería considerarse reacción.


EL PENSAMIENTO ALICIA

Transcribo un apartado del libro: “Zapatero y El pensamiento Alicia: un presidente en el país de las maravillas”, de Gustavo Bueno, publicado en la editorial Temas de Hoy.

“Un pensamiento que nos ofrece la representación de un mundo futuro pacífico, feliz y «a la mano», pero sin decirnos los medios que pueden conducir a él, ni los métodos que nos van a permitir evitar las guerras, las diferencias entre los pobres y los ricos, o las distancias entre los politeístas, los monoteístas o los ateos. Simplemente se nos pone delante de este mundo maravilloso como algo que ya puede considerarse como dado, porque acaso sólo es la codicia, la estupidez o la ignorancia de algunos hombres lo que nos separa de él.(…)

Lo característico del «Pensamiento Alicia» es precisamente la borrosidad de las referencias internas del mundo que describe y la ausencia de distancia entre ese mundo irreal y el nuestro.”

Creo que la definición queda bastante diáfana y tampoco me atrevo a comentar mucho más, sólo que posturas tan estúpidas como “La Alianza de Civilizaciones”, el apoyo incondicional a Hamás y al fundamentalismo islámico pensando que luego se va a integrar tal cual y de buen rollito en la sociedad, y otras tantas posturas “políticamente correctas” no son más que el mero ejemplo de como este pensamiento ha triunfado entre nuestra clase política, nuestra sociedad… “


Como Don Gustavo nos explica en otro apartado, “el pensamiento tiene dos momentos, un momento subjetivo o formal, y un momento objetivo o material, que aunque son inseparables pueden ser disociables”.

El pensamiento subjetivo fruto de las ideas, imaginaciones o fantasías, pero también de los miedos, o las creencias erróneas, es en una palabra, subjetivo, una colección de ideas antes de zambullirse en la vida y la realidad. El pensamiento objetivo, sin embargo, se sostiene sobre contenidos, reglas, elementos compartidos (“pensamiento político, o económico, o social) , o incluso la biografía de personas en una forma de “pensamiento onomástico”, (“pensamiento Mao”)

Dentro del pensamiento onomástico habría dos tipos diferenciados: el pensamiento utópico (Tomás Moro, Campanella, Butler, Aldoux Huxley, etc), o el establecido por los socialistas utópicos (Furier, Saint Simon), o también los ucrónicos de la ciencia-ficción (Asimov, Ray), que vendría definidos por la imposibilidad de su realización en las circunstancias actuales, por lo que se proyecta a otro tiempo o lugar para su desarrollo, y que podría acontecer si por fin se alcanzaran las condiciones propicias.

Como nos dice el filósofo afincado en Oviedo, hay otro pensamiento irreal, más mágico e ilusorio, propio de los cuentos de hadas, que sencillamente está “al otro lado del espejo” en el caso de Alicia y su país de las maravillas, o del armario, como en las crónicas de Narnia, o tras un muro como ocurre en Harry Potter, o tras volar por encima de las nubes como en el caso de Peter Pan y su mundo de País de Nunca Jamás.

Este pensamiento pueril, irreal, ñoño, más vinculado a la ilusión y la fantasía, que a lo que ocurre en la realidad; se construye a fuerza de desearlo y cerrar los ojos, y nos acaba conduciendo más que a una realidad imposible como el pensamiento utópico, a una realidad de otra dimensión, a otra realidad paralela a la nuestra, en la que se puede entrar pagando el peaje de imaginar sin descanso para poder de esa manera negar la realidad. Esto es lo que el filósofo materialista ha denominado como “pensamiento Alicia”, y que por mi parte prefiero considerar como una simple reacción histérica.


MAS ACA DEL ESPEJO, ESTA LA HISTERIA

Lo del señor Zapatero, mi querido y admirado profesor, es más el resultado de un mal día, el 11-M. Un día en el que las cosas cambiaron en este país, como antes había ocurrido en los Estados Unidos tras el 11-S. Se produjo un vuelco electoral que elevo como un tsunami al señor Zapatero a la Moncloa, y al señor Aznar, a un viaje más allá de la perplejidad.

¿Qué es una histeria?. Sencillamente una reacción, un intento de defensa ante una situación que no sabe resolverse. Acudo a la interesante página de www.psicoactiva.com para transcribir algunas cuestiones.


La palabra histeria deriva del griego hyaterá, que significa matriz, ya que los antiguos asociaron esta enfermedad con el útero de la mujer y, por tanto, con el sexo femenino, descuidándose la observación de fenómenos histéricos en el hombre, que también existen.

Con el nombre de histeria se conoce desde la antigüedad la aparición de síntomas objetivos importantes sin lesión que los justifique, por ejemplo, una parálisis sin lesión en los nervios ni músculos, una ceguera sin anomalías en el
ojo ni de los componentes del sistema óptico. En todos estos casos de aparente enfermedad orgánica se supone que la causa es un conflicto psicológico que se convierte en un síntoma orgánico que lo simboliza, por eso también se denomina neurosis de conversión o alteraciones somatomórficas.

Existe una forma de histeria en que el problema psicológico no se simboliza a través de la imitación de una enfermedad corporal sino de una enfermedad psíquica, en estos casos se habla de trastornos disociativos, pues la identidad está disociada, por ejemplo, una amnesia histérica con la que el sujeto olvida quién es, y en algunos casos altera su propia identidad con la de nuevos personajes que va creando o que acepta, son los casos de múltiple personalidad.

Suelen aparecer síntomas asociados de cualquier tipo, pero son exagerados y pintorescos. Imitan enfermedades (o cualquier cosa) , por lo que pueden dar lugar a confusiones. Lo que caracteriza al histérico de otras patologías, es que éste sufre las crisis tras un disgusto o contrariedad (o una emoción inesperada como ser presidente del gobierno) y ocurre cuando hay delante personas que le interesen (el pueblo español absorto).

El concepto que estos enfermos tienen de beneficio secundario (ganancias por tener esa enfermedad) es fundamental. Estos pacientes obtienen dos tipos de ganancias:

1) Para resolver un conflicto o frustración actual (por ejemplo, una situación que supera los recursos de los que disponen).
2) Simbólicamente, apoya la represión de dicho conflicto al subconsciente (impide que se observe la auténtica realidad, es decir, que las demandas que se hacen sobre ellos les exceden, que no están a la altura de lo que se les exige).

Los síntomas histéricos no sólo existen por algo, sino también para algo. El enfermo tiene un claro desinterés por sus síntomas y su posible curación. Si los síntomas desaparecen, el paciente queda privado de sus mecanismos de defensa psicógena y a merced de los sentimientos de culpa. Por eso la ganancia de la enfermedad en el presente es tan importante para el enfermo y se acaba convirtiendo en un obstáculo para su curación (es decir, prefiere seguir viviendo en “su mundo particular de fantasías”, antes que aceptar la realidad que no le gusta).

Si los síntomas de la histeria, la personalidad histriónica por ejemplo, o las aparatosas presentaciones públicas, así como la autoobservación permanente, son observables desde el exterior, son más difíciles de observar para el profano los mecanismos de defensa, que cumplen la función de “negociar con la realidad” para justificar sus actos y pensamientos. He aquí los mecanismos de defensa que se pueden contemplar en la conducta del personaje que estamos tratando

En psicoanálisis, se ha descrito un mecanismo de defensa conocido como racionalización, por el que se tiende a dar una explicación lógica a los sentimientos, pensamientos o conductas que de otro modo provocarían ansiedad o sentimientos de inferioridad o de culpa. Una forma de autoengaño, donde el egocentrismo narcisista se manifiesta en plenitud.

Por este mecanismo de defensa, la persona da explicaciones sobre sus pensamientos o conductas según su conveniencia, o lo construye desde sus mitologías o experiencias infantiles (incidente de “a mi abuelo también lo mataron”), la protesta infantil cuando no estaba en condiciones de entender los sucesos que acontecían en su vida (la maldad de los otros).

Por lo que crea argumentos alejados de la realidad construyendo un mundo fantástico que le evita afrontar el dolor emocional que le produce la realidad. Llegando a utilizar estas explicaciones tantas veces que convierte esta mentira en la verdad de su vida, y no importa lo descabellada o irracional que sea. Voltaire describió magníficamente en el personaje de Cándido (sobre el que he publicado un artículo que se puede leer en www.temakel.com), alguien de las características de nuestro presidente.

EL BUENISMO DE ZAPATERO

En el caso del señor Zapatero, la mentira racionalizada es la bondad, “yo soy un hombre bueno y voy a construir un mundo bueno, y no importa quien se oponga a mi destino, por que los demás son unos malos-malísimos, que lo único que quieren es impedir que el bien reine en nuestro país y en este mundo”.

El problema no son la ideas o “el pensamiento” del señor Zapatero, con las que se puede coincidir o no (por mi parte confieso que coincido con más de una, que nos ha colocado, con la facilidad que un niño rompe una farola, poniendo cara de que se le ha escapado una piedra).

El problema es la negación que hace de la realidad, de lo que ocurre a su alrededor , su desconocimiento voluntario de las cosas, su inconsciencia, que oculta siempre tras la expresión permanente de su “buena voluntad”, para dirigirse a su objetivo último, el más importante: ser considerado como “una buena persona”, “un buen ser humano”, que será recordado como un héroe magnánimo, bondadoso y filántropo. Lo que muestra unas carencias afectivas, y unos recursos tan pueriles, como para tenderse en un diván y pasarse unos cuantos años de consulta.

En los desarrollos de su política se puede observar la constante del “buenismo” y aprovecho para decir con lo que coincido y con lo que discrepo: política de migración de puertas abiertas (más o menos de acuerdo), matrimonio de homosexuales con plenitud de derechos incluida la adopción (plenamente de acuerdo), la Alianza de las Civilizaciones (una idea que no es suya, sino de Alí Jameney, el expresidente iraní) (es una chorrada), la negociación con Eta sin marcar condiciones iniciales (es una barbaridad), el estatut catalán (a ver las consecuencias), la retirada inmediata de las fuerzas militares de Irak (creo que fue una tontería), el envío de las fuerzas militares al Líbano (otra tontería), la negociación generosa con la Iglesia (con la que siempre se topa), la política exterior de confluencia con los “más idealistas” (Fidel Castro, Hugo Chaves, Evo Morales) (“no coment”), la lucha contra la pobreza (me parece bien).

Profundizando en sus líneas de acción, se observa fraternidad por todas partes, con todo el mundo, con ese tufillo de salvador de la humanidad, ese toque mesiánico de menos mal que he llegado para hacer un mundo más justo y equitativo. Considero que el piensa de esta forma, que se considera a sí mismo como buena persona, antes que como un presidente eficaz o inteligente. Piensa que con buena voluntad se puede alcanzar cualquier objetivo, si se mantiene la tenacidad.

No le importa tanto lo que hace, como lo que deshace; es más un anti de los setenta, que un constructor de futuro; tiene algo muy español, muy de Don Quijote, por eso gusta tanto a su gente. No me cabe la menor duda de que es una gran persona, con unos grandes ideales, y una ingenuidad beatífica, pero las tengo todas sobre si es un buen presidente del gobierno.

Creo que Zapatero está mucho más preocupado por pasar a la historia como alguien que fue capaz de cambiar las cosas, un hombre honesto, y del que su abuelo se sentiría orgulloso, que sobre el bienestar de los españoles y su futuro. Le preocupa más su ego que nosotros, por lo que resultamos instrumentales a su propósito último: ser recordado como “el mejor presidente” tras la muerte de Franco, el dictador asesino, aquel señor tan perverso que mató a su abuelo.

Zapatero, es nuestro redentor. El Alejandro Magno que destruirá el último nudo gordiano de lo que el dictador dejó “atado y bien atado”, es decir, la unidad de España, el poder indiscutible de la Corona, el bienestar de los españoles, o la paz duradera. Y Rajoy, que tira más a Capitán Trueno, está que trina y no sabe que hacer por que este tío, como siga así, le va a matar de un ataque de nervios (una poderosa arma de las personalidades histéricas, que en el fondo machacan desde su victimismo, haciendo que los problemas parezcan de los demás por que sus intenciones son peores que las de ellos siempre, hagan lo que hagan, y quedando de maravilla con los testigos, en este caso, el pueblo español).

Todo es cuestión de tiempo, por que alguien que aspira a la santidad civil no se parará hasta alcanzarla, y sino recordemos a mi colega Marat, que también era muy bueno, hasta que comenzó a ejecutar franceses y casi se queda sólo. O a Rousseau, que era tan bueno, que cada vez que tenía un hijo con su criada lo enviaba al hospicio por que el no podía permitirse tener hijos (con una criada) y atenderlos, así hasta cinco hijos del autor de “el contrato social” dieron con sus huesos en los hospicios franceses.

Lamento que en esta ocasión, mi pensamiento no coincida con lo que piensa, mi admirado maestro Gustavo Bueno, y siento que sea así, pero a mi lo de Zapatero me parece que tiende más a personalidad histérica que a pensamiento fácil y frágil. Quizás me equivoque, y “el pensamiento Alicia” sea un nuevo síntoma de las personalidades histéricas. Con el tiempo se verá.

En el fondo, lo que a Don Gustavo le ha molestado de verdad, es que su pensamiento del cierre categorial, el “BUENISMO”, se pueda confundir con el “buenismo” de Rodríguez Zapatero. Comprendo lo del libro, vamos que si lo comprendo. En su lugar, yo también estaría muy preocupado.

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