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domingo, 08 de octubre de 2006
Si se realiza un análisis de la evolución de las sociedades avanzadas durante las últimas décadasde, se puede apreciar el desarrollo de algunos de sus principios y valores fundamentales.

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Conviene hacer reflexión sobre los cambios que se han producido en Occidente desde la conclusión de la segunda guerra mundial, y particularmente en nuestro país, por que se han producido algunas perversiones o vicios políticos que deberían resolverse, por que
determinan nuestro futuro más que ninguna otra cuestión.

PERVERSIONES POLITICAS

En los momentos de amenaza, conflicto o peligro, la sociedad y sus representantes políticos, (al igual que ocurre con los militares), establecen un proceso de convergencia de intereses comunes, que conduce a un estado de cohesión de sus propuestas. No hay diferencia entre las propuestas políticas y los deseos de la sociedad.

Sin embargo, en tiempos de paz y tranquilidad, la sociedad cuestiona a sus representantes, promoviendo cambios que conciernen a las leyes y a la forma de gobernar. Sociedad y política solo alcanzan un auténtico proceso simbiótico en tiempos de guerra o conflicto.

También ocurre con otras semióticas: las expresiones simbólicas como la bandera, el himno, las instituciones, o los valores nacionales, cobran especial sentido para la sociedad en tiempos difíciles, y sin embargo, son desdeñadas o cuestionadas en tiempo de paz.

Los políticos están condicionados por la sociedad que representan para recibir aprecio cuando hay problemas y críticas cuando no los hay. Numerosos conflictos son creados entre los políticos, que antes de resolver los problemas que ocurren en la sociedad que los elige, disfrutan de la conflictividad que generan al no resolverlos, lo que termina justificando su presencia hasta hacerlos imprescindibles.

Es como si al único fabricante de ataúdes de una comunidad se le permitiera decidir sobre la necesidad de implantar la pena de muerte en su territorio de ventas. Pero este problema no afecta solo al ámbito de la política; en menor escala ocurre en todas las instituciones y estamentos del Estado: justicia, militares, religiosas, orden público, educación, sanidad, obras públicas, o medio ambiente, entre otras.

En cada decisión política, ocurra en el ámbito que ocurra, siempre se producen dos consecuencias; la primera es la que concierne propio asunto que la suscita, y la segunda, la que incide en la carrera personal del político que ha de tomar las decisiones. Es imposible separar una de la otra, por lo que siempre habrá que pensar que influencia incidió más en su decisión, si el asunto común o el personal.

PERVERSIONES EN LOS MEDIOS DE COMINICACION

Con los medios de comunicación ocurre lo mismo de una forma aún más flagrante, habitualmente subvencionados por la política en forma de publicidad o subvenciones, se ven obligados a no dejar de emitir información política de forma regular, si quieren subsistir.

Los medios de comunicación viven de la información que comunican, por lo que además de su utilidad como instrumentos de divulgación de las cosas que ocurren, también fomentan el que ocurran cosas, por que así tendrán mayor información que transmitir.

Es una pescadilla que se muerde la cola, y que tiene mucho que ver con la sociología del rumor, en que la noticia va cobrando mayor importancia a medida que se aleja de la realidad y se aproxima a los temores compartidos de los receptores.

Cuanto más partidista es un medio de comunicación, más necesidad tiene de sobrevivir a costa de beneficiar a su mecenas, y menos de una forma independiente; por lo que cada día se va haciendo menos importante la defensa de la verdad y más importante la propaganda.

Lamentablemente, España es un ejemplo interesante del pesebrismo de los medios de comunicación sesgados políticamente, con periódicos de derechas e izquierdas, pero no independientes. También ocurre lo mismo con emisoras de radio y cadenas de televisión.

La magnificación de una noticia, su repetición, o su olvido absoluto no depende nunca del azar, sino de una decisión de alguien.

PERVERSIONES EN LA SOCIEDAD

Los ciudadanos también somos responsables de que las cosas permanezcan igual, pues con quejarnos de lo que ocurre no es suficiente; así aceptamos como bueno lo que hay, sea lo que sea, con tal de no hacer la reflexión y el esfuerzo de intentar cambiar las cosas. “Todo vale” en principio, aunque luego se comprueba que esta actitud es errónea, por que permite que se transforme en el “vale todo”.

Nuestra sociedad no está organizada, más bien es una acumulación de gente. La sociedad no puede organizarse por si misma, mientras la política se ocupe de dirigir sus pasos. La sociedad debe emanciparse de la política. Resulta extraordinario observar como la sociedad depende de las decisiones de los políticos y no la política de las decisiones de los ciudadanos. Esto es una gran perversión aceptada por todos.

CRITICA DE LA DEMOCRACIA. EL CASO ESPAÑOL

Tras la alianza puntual de la segunda guerra mundial para derrotar al común enemigo fascista, el mundo occidental recupera su dicotomía en dos facciones opuestas y complementarias, que fueron determinados con acierto como bloques: la OTAN y el Pacto de Varsovia.

En los años sesenta se construye el muro de Berlín en Alemania, que representa el punto culminante de la segregación en bandos a ambos lados de la frontera (el telón de acero), pero también de la escalada armamentística de la “guerra fría” y la reducción de intercambios de todo tipo entre el bloque comunista y el capitalista.

Años de maniqueísmo, que permiten a los poderes fácticos de ambas agrupaciones utilizar los recursos económicos y sociales en la construcción de sus respectivas fortalezas políticas. La sociedad evoluciona en este ambiente como buenamente puede. Pero es en Occidente, por su diferente valoración de la libertad, donde mejor se aprecia la reacción social de grupos minoritarios que están llamados a defender otros valores alternativos a los oficiales.

Es la época de la oposición permanente, del “anti”, de la negación de lo que hay. Brotan movimientos antinucleares, antibelicistas, anticapitalistas, antiautoritarios, antiracistas, antireligiosos, anticivilización, antimercado, etc.

Durante este tiempo era más importante decir que se estaba en contra de algo, que definirse, hasta aceptarse que la gente se hace por lo que no es, más que por lo que realmente es. Ejemplos de estos tiempos: el ecologista no defiende la naturaleza, está contra la civilización. El pacifista no defiende la paz, está contra la guerra. El comunista no defiende el socialismo, está contra el capitalismo.

Cuando el líder socialista, Felipe González, gana las primeras elecciones en España en 1982, se sabe que sus seguidores y compañeros de partido están más por la labor de destruir lo que se encuentran que por crear algo nuevo. El pueblo aplaude la intervención en Rumasa, por ejemplo, más tarde la persecución de Mario Conde, se anticipa el reparto de las fincas de la Duquesa de Alba en Andalucía.

Desaparecen los iconos del franquismo y aparecen otros. La administración se socializa, y se aprovecha la politización del sistema funcionarial para colocar a los partidarios en los puestos de gestión y gobierno de las instituciones, pero no solo al nivel decisorio de gerente o director general, lo que ocurre en cualquier país; el nepotismo alcanza al personal de limpieza o a los proveedores. Se crea una mafia política, económica y social, que sigue adherida al poder hasta hoy.

Las masas siempre han aprobado el ir contra lo que hay, sino no se explicarían las revoluciones. El acertado lema del PSOE es por el cambio, tras varias décadas de inmutabilidad.

Brotan por todas partes expresiones culturales nuevas: la movida, el reconocimiento de los perseguidos, las legislaciones más igualitarias y por supuesto la entrada en Europa en 1986, que define el comienzo de una nueva etapa. Ya no importa tanto ser antifranquista, sino lo que realmente hay que ser es europeo en plenitud de hechos y derechos.

España se alinea con el resto de países de su órbita política y económica. Acompasa su marcha a la de los otros, con sus peculiaridades. Se producen las grandes luchas políticas entre los partidos de izquierdas y derechas, hasta que su confrontación termina aburriendo a la ciudadanía.

A la gente le importa más el paro o el terrorismo que las elecciones, lo que quiere decir que nuestro país ha superado la etapa infantil en política, comenzando la juvenil.

A pesar de todo, nuestro país se parece cada día más a cualquier otro de Europa. Surgen las inversiones extranjeras y la cultura del pelotazo, y los grandes negocios de la corrupción. Pero la balanza comercial sigue como en la época de la dictadura y no se hacen más pantanos por una especie de temor arquetípico a la comparación.

Con Aznar, la ciudadanía descubre que los políticos son un mal necesario, más que aquellos anhelados salvadores que se esperaban durante el franquismo y que no llegaron con la democracia.

Con la internacionalización de España, nuestro país alcanza la madurez política, y se descuenta de una vez por todas la deuda de la nación con los ciudadanos de izquierdas perseguidos durante el franquismo. Aquí concluye la etapa anti, más o menos a finales del siglo pasado, pero comienza la indiferencia.

LA INDIFERENCIA POLITICA

Ahora los políticos importan menos que la subida del petróleo o los combates del Barça y el Madrid. España, recupera su pulso tranquilo después de la taquicardia padecida tras la muerte del dictador.

Los políticos sin embargo siguen peleándose por que consideran que la lucha está incluída en su sueldo; sin haberse adaptado a las circunstancias actuales, siguen generando conflictos que no existen. Así tenemos un ambiente trasnochado en el Parlamento, por que sus ocupantes no se dan cuenta de que las cosas ya han cambiado, y que los únicos que no cambian son ellos. El país necesita otro clima, pero la inmadurez de nuestros representantes no está a la altura requerida para poder ofrecerlo.

El hacer leyes y el hacer que se cumplan, es posiblemente el objetivo fundamental de la política democrática en cualquier país avanzado; pero dentro de la creación de leyes, hay prioridades en las que todos los políticos sin distinción de partido deberían de estar en acuerdo permanente.

Sin embargo, en nuestro país se sigue debatiendo lo espureo antes que lo fundamental. La ley antitabaco antes que la ley de acceso a la vivienda para los jóvenes, la ley sobre el carnet por puntos antes que la legislación sobre los problemas del agua, el estatut catalán antes que las leyes sobre la distribución homogénea de los recursos disponibles entre todos los españoles.

En el pensamiento filosófico o la ciencia ocurre lo mismo, se está viviendo el periodo adaptativo tras la revolución tecnologíca, mediática y comunicativa, a la que hemos asistido en las tres últimas décadas. Es un periodo de reflexión discreta, de digestión histórica, de metabolismo de lo adquirido. Pero también de preparación del futuro.

Quizás haya demasiadas cosas interesantes en nuestras vidas mediáticas como para ocuparse de la política. Cuando hoy se pregunta a los más jóvenes sobre la política y los políticos, o no saben nada o dicen que no les importa. Esto es un grave problema, por que nuestros jóvenes se están acostumbrando a vivir en su propio mundo tribal de piercing, movil y msn, sin percatarse que ese letargo les conduce poco a poco a la incapacitación civil para asumir responsabilidades propias o sociales, les conduce a la exclusión social y política.

La indiferencia, es el peor enemigo de la libertad, no hay nadie más atrapado por la incoherencia que aquel que no se pregunta nada.

La indiferencia de los ciudadanos es el caldo de cultivo para que los mismos aprovechados de siempre se beneficien de ausencia de resistencia a su propósito de culminar su obra personal: forrarse todo cuanto puedan el máximo tiempo posible.

La indiferencia de los ciudadanos hacia la política y los políticos, es el preámbulo de una nueva dictadura política, es lo que se puede denominar el golpe de estado de los arrivistas, que facilitan la asfixia económica de los más débiles económicamente, por los más poderosos. Es la anticipación de la esclavitud económica.

Cada día que pasa nos cuesta más (dinero, tranquilidad, trabajo, ausencia de descanso, tiempo con nuestros seres queridos) vivir de la misma forma, o peor. Parece que no somos capaces de zafarnos socialmente de la servidumbre y la dependencia, parece que solo sabemos ser de otros. Esclavos en Grecia y Roma, siervos en la Edad media, y adictos al consumo de lo que se nos concede en pleno siglo XXI. ¿Un mundo feliz es esto?

La libertad, siempre es elección, pero no se puede elegir entre blanco y blanco, entre un PSOE y un PP enfrentados de forma permanente, entre un mundo capitalista y un mundo materialista, por que son idénticos. Nos están engañando, somos libres en el ámbito de las decisiones de otros, no en la inmensidad de lo posible. No hay elección en la tediosa continuidad del más de lo mismo.

Solo queda aceptar lo que hay, o dedicarse a la miseria de criticar lo que existe para soportar el paso del tiempo, aceptando la impotencia absoluta de que la libertad es inútil, y asumiendo estoicamente el naufragio último, en ese tenebroso océano que separa la duda de la nada, y la conciencia, del olvido.

La democracia, es como el dinero, no sirve de nada si no se puede usar para algo. Por eso es necesario que tomemos conciencia de que somos CIUDADANOS plenos, con libertad de expresión, y derecho de eleccción, no súbditos de la inercia.

Cambiando lo que no nos satisface con nuestros votos por lo que queremos que sea, recuperamos el poder que nos han arrebatado los más ilustres maestros del descuido. ¿No somos capaces de darnos cuenta de que los políticos dependen más de nuestras decisiones que nosotros de las suyas?

Enrique Suárez Retuerta

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