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Quizás la felicidad no exista, pero esto no impide que existan quienes sueñan con la felicidad... Este blog está dedicado a los que se atreven a soñar, y dedican su vida a hacer lo posible para que sus sueños se cumplan.
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martes, 15 de agosto de 2006
Desde que estudio antropología he ido descubriendo algunas cosas interesantes. Con anterioridad he escrito sobre la complejidad del ser humano, las dificultades del cambio y la trampa viscosa del relativismo en la que permanece atrapado el pensamiento occidental. Hoy lo haré sobre la realidad.
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La realidad también es relativa, por supuesto. Pero del propio relativismo de la realidad surgen algunos fenómenos interesantes, como la realidad virtual. La realidad es sin duda algo social, una creación colectiva; de hecho, se considera que la construcción de la realidad se hace desde la sociedad, desde el conjunto de seres humanos agrupados que definen lo que hay, o lo que hubo, o lo que habrá.

Es la perspectiva compartida la que permite crear nuevos planteamientos. Esa mirada de dos o más, nos separa de la perspectiva emocional del yo de cada uno. Aunque no se debe descartar que dos enamorados vivan la experiencia de la mirada al sol en una puesta con las sensaciones que les producen sus neurotransmisores y no el astro rey que observan, pero esto forma parte de otro debate. En general, se acepta que cuando dos miran algo al mismo tiempo, se aprecia la realidad mejor que cuando lo hacen por separado. “Cuatro ojos ven más que dos”, dice el refrán castellano.

El perspectivismo fue estudiado por la Teoría de la Gestalt hace muchos años, pero también por filósofos como Ortega y Gasset. Es el mirar lo que define. Yo no soy yo, yo soy yo y mis circunstancias. Y esas circunstancias, que son culturales, educativas, históricas o personales, ofrecen la plataforma desde la que se mira la realidad. El microscopio, el telescopio o el calidoscopio desde el que interpretamos lo que estamos viendo con nuestro criterio más adecuado.

El criterio es importante, y se establece sobre lo aprendido, que es lo conocido, y lo conocido es lo que se ha visto de la realidad, por que hay muchas cosas que nos pasan desapercibidas por que nuestro criterio no es suficiente para apreciarlas. Un paciente ve fiebre en la fiebre, un médico, sin embargo, anticipa su origen y prevé su resolución.

Criterio y percepción se retroalimentan, la percepción depende del criterio y el criterio de la percepción. Por esto la perspectiva de las cosas es individual, única, dependiendo de la percepción posible y del criterio suficiente.

La realidad se construye socialmente desde una determinada perspectiva compartida, que a su vez es una solución dialéctica de los criterios (opiniones, juicios, definiciones) y percepciones, más o menos afortunadas, de los que realizan su evaluación en un determinado momento.

Pero con la llegada a nuestra existencia de los elementos virtuales, fabricados sobre soportes cibernéticos, las cosas han cambiado. La realidad se ha “expandido”. Ocurrió lo mismo con la llegada de las emisoras de radio y televisión a mediados del siglo pasado, y primero había ocurrido con el telégrafo y el teléfono. Todos ellos son medios de comunicación pasiva, activa o interactiva.

Añadimos un nuevo elemento al problema. La realidad de la que se informa y que se conforma, no es exactamente la realidad que se comunica. La realidad que se transmite no tiene por que coincidir con la realidad auténtica, es decir, lo que nos dicen sobre la realidad puede ser erróneo, por que depende del juicio o criterio de aquellos que nos informan, y no solamente puede ser erróneo por azar o equivocación, sino que puede ser erróneo a conciencia y voluntad, por que hay un interés particular en que nos creamos lo que nos cuentan.
Como cada día nos cuentan más cosas y nuestro acervo cultural se fundamenta mucho más en la información que nos hacen llegar que la que percibimos directamente por nosotros mismos, llegará un día, si no ponemos remedio a la cuestión que sabremos sólo lo que algunos quieren que sepamos y poco más. Es decir, sabremos lo que interesa que sepamos y no sabremos lo que no interesa que sepamos. Esta es la tendencia actual.

Nuestros hijos ya no podría prescindir de internet en sus vidas, como nosotros no podríamos prescindir por mucho tiempo de los medios de comunicación anteriores a la red. Nos hemos educado con demasiados elementos ajenos y eso nos hace cada día más dependientes de lo externo, y posiblemente, menos seguros de nosotros mismos, y también más desconfiados. Es un mundo complejo el que estamos viviendo.

A mi hijo de once años, le acaban de hacer alcalde de un pueblo imaginario en un país imaginario pero que imita y simula los países reales, el está muy orgulloso de su proeza. Por una parte lo veo bien, por que es una forma de retornar a la mitología y la leyenda que hemos perdido con tanta tecnología y precisión, pero por otra parte me preocupa el que se espete contra las frustraciones de esa forma de vida “real” (que no lo es) de forma precoz y esto le afecte en su vida real. Lo mismo ocurre con otros videojuegos de consolas u ordenadores.

Es cierto que ahora podemos ser caballeros en la Edad Media, o pilotos de aeronaves, o navegantes oceánicos desde casa. Está bien, la virtualidad de los juegos lo que nos permite fundamentalmente es experimentar cosas que de otra manera resultaría imposible, y eso hace crecer nuestra experiencia, pero es una experiencia limitada y encerrada, diferente del contacto físico con el mundo real, perdemos buena parte de las sensaciones que en su conjunto conforman una plataforma privilegiada que es la sensibilidad, de la que surgen las emociones, los sentimientos, el dolor, el placer, el frío y el calor, entre otras muchas cosas.

Tal vez estemos huyendo de ese mundo sensible que no podemos controlar por que conecta nuestras neuronas más primitivas y animales con el mundo real y eso nos puede producir problemas, que cuando van siendo superados, nos permite sentirnos más seguros y tranquilos en la vida. Pero también las experiencias virtuales nos hacen resolver miedos, frustraciones o complejos, que de otra forma posiblemente no pudiéramos resolver.

Desde mi criterio, ambas realidades son necesarias, y al contrario de lo que muchos piensan, la realidad real no puede ni debe sustituir la realidad virtual, pero tampoco debe ocurrir lo contrario, y es precisamente lo que está ocurriendo en nuestras vidas cada día, que la realidad cotidiana más humana va perdiendo importancia e influencia sobre la formación de nuestro criterio, en relación a la realidad virtual; supongo que llegara el día que su influencia se equilibre en nuestro beneficio, hay que ser optimista al respecto.

Mientras tanto, habrá que seguir observando con prudencia como se va construyendo socialmente –y tecnológicamente- la realidad, con espacios y tiempos de lo existente y lo inexistente. Cuando era niño la realidad virtual era muy primitiva y tenía poca importancia, pero eso me permitía leer libros, ver películas, e imaginar. Hoy los niños siguen imaginando, pero con imágenes virtualizadas que otros diseñan y que son elegidas por criterios determinados, y a veces interesados.

Estos avances culturales contribuirán a crear una fantasía homogénea y compartida. Los sueños serán más parecidos cada día. Las princesas se parecerán a una nieta de la Barbie y los príncipes a un biznieto de Robin Hood. Es el precio que pagamos por el progreso: la identificación indexada. Nos están preparando para la clasificación última, para catalogarnos con algo más complicado que un número. Están dibujando nuestra silueta del futuro y una vez que se haya desarrollado el proceso será irreversible.

Estaremos completamente clasificados y por lo tanto, determinados. Si no hacemos algo y lo hacemos pronto, creo que la libertad dejará de asociarse a nuestra existencia, por que a alguien se le ocurrirá que si alguien tiene cualidades para ser esto, no deberá (por el criterio moral de turno) ser otra cosa. Esto me recuerda a la realidad esclava de otros tiempos, no sé por que.

En mi criterio, la construcción social de la realidad, dejará paso a la construcción socializada de la realidad, pero lo socializado es algo de origen político, no social. Es decir, es algo determinado por alguien según un criterio ajustado a las necesidades de esa persona o grupo. Seremos lo que algunos con poder para determinarnos nos permitirán ser. Seremos solamente juguetes para su juego. Esto es muy peligroso.

Debemos establecer criterios, ahora que aún podemos, para defendernos de la determinación que se nos viene encima con la globalización. El mundo ya se ha dividido en mayoritariamente productores (los países menos avanzados) y en mayoritariamente consumidores (los países más avanzados), y esto ya es irreversible.

El siguiente paso en la globalización es determinar quienes van a ser mayoritariamente más beneficiados (cada vez menos) y quienes mayoritariamente perjudicados (cada vez más). Esto conduce a diversas formas más avanzadas de oligarquía, con oligopolios de consumo exclusivistas. El mundo está entrando en una dicotomía imparable, que conduce a un mundo dual, jerárquico, impermeable, cerrado, y extraño. Estamos asistiendo a una revolución que bien podría denominarse feudalismo económico en un sistema de aparente democracia política. Esta es la auténtica realidad actual de nuestra cultura, sobre la que asienta la civilización occidental.

Decía Rapapport, un antropólogo muy interesante, que el ser humano crea la cultura en la que vive para tratar de dar significado a un mundo que no lo tiene. Estoy de acuerdo con él. Somos arañas que tejemos con la tecnología de la que disponemos, una cultura en forma de red virtual en la que estamos quedando atrapados. La realidad es precisamente esta, que la realidad que construimos es la realidad que acabará destruyéndonos. No en vano, siempre hemos sido seres efímeros con pretensiones, nihilistas y acomplejados.

Las termitas o las abejas son seres más avanzados desde una perspectiva ecológica y global, construyen sus propios espacio pero no destruyen el mundo con sus creaciones, como nosotros. El mundo, a la larga, será de los insectos; nosotros somos demasiado soberbios para permanecer en la cresta de la ola evolutiva.

Esa será la realidad que algún día verán nuestros descendientes, cuando la incoherencia y la incongruencia de nuestros actos, de nuestra construcción irracional e inhumana de la realidad, acabe con la especie. Hoy estamos haciendo otra forma de canibalismo como realidad, un canibalismo existencial, ochocientosmil años después de que el Homo antecesor poblara la sierra de Atapuerca.

Esa es la realidad que no cambia, la de nuestro enfrentamiento permanente, por que la realidad se ha construido siempre sobre los conflictos, reales o irreales, inventados o consecuentes, pero al fin y al cabo, evitables con un poco de cordura y algo menos de orgullo y prepotencia.

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