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martes, 01 de agosto de 2006
Al fin se ha conseguido que las guerras sean más civilizadas. Entre otras cosas por que cada día son más civiles que militares los que pierden la vida en ellas. Un largo proceso que va desde que alguien toma la decisión de bombardear un edificio determinado, hasta que concluye en la identificación de las víctimas y los agresores.
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Ahora sabemos, por lo menos, quienes tiran las bombas o los misiles y donde caen, y cuantos son los muertos que se ocasionan; incluso podemos saber hasta sus nombres y ver sus fotografías. Somos una sociedad civilizada por que podemos medir el horror. Otra cosa es averiguar quien es el culpable del desaguisado, por que la culpa es huérfana de guerra.

El jefe de la defensa hebrea (¿?) ha hecho declaraciones, tras el último ataque aéreo de sus tropas (¿?), por que se ha producido un lamentable daño colateral en el que fallecieron varias decenas de niños, al bombardear un edificio en Canaan, y se ha expresado con contundencia: “lamentamos lo sucedido y hemos iniciado una investigación”, añadiendo después que cesarán los bombardeos en la zona durante 48 horas, para que puedan recuperarse los cadáveres sin más daños colaterales. Pero también ha añadido que necesita quince días más de acoso-derribo (sin especular con el número de muertos que esto ocasionará) para acabar con las infraestructuras de Hizbolá.

La estadística nos permite hacer estimaciones. Si hasta ahora se han producido 600 bajas civiles en la guerra del Líbano (que lo único que aporta es el escenario, por que su presencia política o militar es nula), se puede calcular que en otros quince días se producirán otras 600, pero añadiendo un factor de corrección al alza, serán alrededor de mil los caídos. Ahora mismo hay mil ciudadanos de Oriente Medio que dentro de quince días ya no estarán vivos, y varios millones “acojonados” por que pueden ser ellos o sus seres queridos.

Alí Jamenei, el creador de la idea de la Alianza de las Civilizaciones, de la que tanto presume nuestro presidente Zapatero, ha sido hasta hace pocos años el primer mandatario de Irán, que es el país que subvenciona a Hizbolah, grupo chií de la resistencia palestina. Mientras que Hamás, el grupo político-terrorista que ha ganado las recientes elecciones en Palestina, está auspiciado por Siria. Israel, el eterno enemigo de los árabes, está absolutamente apoyado por los Estados Unidos de América y tolerado por la Unión Europea y Rusia.

Luego quedan otros grupos, como los mártires de Alacssa, los hermanos musulmanes apoyados por la oposición egipcia, los restos de la Organización para la Liberación de Palestina, mermados tras la muerte de Yasser Arafat, y eternos aspirantes a ser los únicos interlocutores en un proceso de paz y alguno más de los que no recuerdo el nombre.

La situación actual es la siguiente, los hebreos a propósito del triunfo de Hamás en las elecciones palestinas, se han propuesto eliminar facciones disidentes de la resistencia enemiga, posiblemente con la idea de unificar a Abú Mazen presidente de la Autoridad Palestina, con los elegidos por los electores palestinos para gobernar, que son miembros de Hamás.

Es decir, resumiéndolo mucho, esta guerra tiene como objetivo elegir el enemigo por parte de los judíos, y sin duda prefieren que sean los dependientes de los sirios de Bashar Assad, hijo del antiguo dictador, que ha sido educado en Londres donde ejercía de oftalmólogo hasta que fue reclutado para gobernar su país, y que ha sido apoyado habitualmente por Rusia.

Es una guerra política muy bien pensada por los israelitas, inteligente. El ultraconservador (fundamentalista, es lo mismo), presidente iraní de nombre impronunciable, Mahmoud Ahmadinejad, en su verborrea habitual se ha ocupado de decir cosas a los hebreos como la siguiente: "les aconsejo que hagan sus maletas y se vayan de la región antes de quedar atrapados en la trampa de las llamas que han encendido en Líbano", declaración del 23 de Julio pasado, recogida por la agencia Irma. Este es el mismo personaje que pretende disponer de energía nuclear con fines pacíficos, según asegura.

Continuando con el análisis, Siria, tradicional aliado de Irak, (Saddam Hussein pertenecía al Baas, el mismo partido político que gobierna en Siria desde hace cuarenta años), estaba perdiendo cuota de poder con respecto a los protegidos de Irán. La llegada de Hamas al poder en Palestina es una oportunidad que no puede perderse, si algún día se quiere intentar conseguir la paz en Oriente Medio, pero para ello se debe erradicar la disidencia palestina, y con la misma bomba se matan dos pájaros. Se deja a Hamás de “único” interlocutor, junto con Abú Mazen y al mismo tiempo, se elimina la influencia iraní en el conflicto palestino, por que con los terroristas apoyados por Siria se puede llegar a algún tipo de acuerdo, pero con los auspiciados por Irán, a ninguno.

La prueba de lo que digo está en que Hamás, apenas ha hecho nada para enfrentarse con los israelitas durante este tiempo, salvo algunas escaramuzas, con resultado de muerte en Gaza, pero no muchas más de las habituales; lo que quiere decir que están agazapados esperando el resultado final de la eliminación de Hizbolá. Así se consigue aislar un poco más a los persas, que es uno de los objetivos irrenunciables de los norteamericanos. De lo que se puede deducir, y esto es importante, que Israel con esta guerra tiene pretensiones de que algún día se pueda lograr la paz. Esto no se había visto desde que asesinaron a Isaac Rabin.

Pero al mismo tiempo, se está haciendo algo mucho más siniestro, que es provocar al líder iraní, que junto con los palestinos de Hizbolá que apoya, es el principal derrotado en esta guerra. A ver que es lo que hace, ese es el principal objetivo del actual conflicto en el Líbano. Si se mueve, malo, por qué se verán sus auténticas intenciones, que son las de armarse hasta los dientes, incluso con potencial nuclear; si no se mueve y permite que sus seguidores sucumban ante Israel sin hacer nada, entonces dará una muestra de debilidad ante el mundo musulmán, y descenderá su liderazgo hasta la categoría de bufón. Lo tiene muy difícil, pero es inteligente, por lo que no hará nada directamente, pero lo hará de forma encubierta, con su principal arma que es la producción de petróleo y la disidencia ante la economía global.

El problema de esta guerra es como el de cualquier otra guerra, que es injusta, o mejor dicho que es injusta para los inocentes ciudadanos (daños colaterales) que sufren la violencia y pagan con su vida y dolor, los juegos de poder de unos cuantos avezados analistas y estrategas del Pentágono, entre ellos, muchos de origen judío. Se debe recordar que el país con más emigración del mundo es Israel, por que tiene cinco veces más judíos en el exterior que en su propia patria, buena parte de ellos en Estados Unidos.

No hay que olvidar que ser judío no es solo una nacionalidad, sino mucho más. Si se nace judío, es muy difícil dejar de serlo, no solo por cuestiones religiosas, sino por motivos históricos, culturales, políticos, sociales, y personales. Ser judío es un estigma, no una adquisición. Prácticamente, muy pocos de los que no nacen bajo el influjo de la estrella de David, se hacen posteriormente judíos.

Esta es la última razón de su lucha, y tal vez la única, si se está condenado a ser algo desde el nacimiento, no se puede ser otra cosa; por eso, a pesar de ser un pueblo diezmado una y otra vez, siempre renace. Por que su auténtica guerra es la supervivencia de su raza o su etnia, de su cultura. Se saben depositarios de valores heroicos, son miembros de un grupo amenazado permanentemente, llevan muchas generaciones viviendo de esta forma, y saben que no pueden ganar la guerra última, ni creo que tampoco les interese.

Hay que recordar que controlan buena parte de la economía mundial, y si no tuvieran que invertir millones de dólares en proporcionar armamento a Israel, la controlarían aún mucho más. La guerra de los judíos se gana cada día en sus cuentas bancarias, ahí se mide su fuerza, y esta, a pesar del poder energético de los países árabes, cada día crece más. Esta es la guerra que les interesa ganar a los miembros del pueblo de Sión.

El problema de los árabes (o de los musulmanes), es que con cada dólar que sube el barril de petróleo, incrementan en dos o tres dólares la riqueza total de los judíos, por que si ellos tienen el petróleo, los judíos son los dueños de las petroleras, las refinerías, los barcos, los oleoductos y las gasolineras; y esto les desespera.

Los judíos son a la comunidad mundial como un cáncer silencioso y parasitario es a nuestro cuerpo, que no nos mata (por que entre otras cosas nos necesita para seguir existiendo, entre otras formas controlando buena parte de las hipotecas y préstamos del mundo), pero nos distorsiona la vida a su interés, y cuanto más nos defendemos de él, más sinuoso se vuelve.

Por eso Adolf Hitler tuvo la idea de acabar con ellos, y lo intentó con todas sus fuerzas, ocasionando el mayor holocausto que se ha conocido en la historia de la humanidad, consiguiendo darles la imagen de víctimas históricas que han rentabilizado, con razón, durante años.

El innombrable presidente iraní, Ahmadinejad, tiene sin duda las mismas pretensiones que los nazis, y para ello quiere desarrollar armamento nuclear, para borrar a los judíos de la faz de la tierra; pero tampoco lo logrará, aunque lo intente, por que los judíos que no viven en Israel son más de veinte millones, y no creo que fuera capaz de colocar un misil nuclear en Norteamérica, aunque en un arrebato podría hacerlo.

Por eso Osama Bin Laden se propuso destruir el símbolo del poder judío que eran las torres gemelas de Nueva York, y sus seguidores hicieron lo propio con atentados indiscriminados en Madrid, Londres, Bali, Bombay y otros lugares.

Por pura desesperación se hace la Yihad, y no por motivos religiosos, que son la tapadera para obtener el apoyo de la población musulmana a la barbaridad. Por que de nada les sirve el petróleo, la riqueza, o el progreso a los hijos del Islam, siempre seguirán siendo “servidores” de los judíos.

A los que vivimos en territorio cristiano nos afecta menos por que vivimos mejor, pero también buena parte de nuestros sueldos contribuyen a incrementar el oro de las arcas de los hijos de David. Todos pagamos de una u otra forma la deuda de Israel, y de nuestros ingresos salen bombas que caen en territorio libanés.

Con la violencia o la ingeniería financiera no se acabará con el poder judío, sólo hay una forma de erradicar su dominio económico y político de la faz de la tierra, pero no eliminándolos, o mejor dicho sí, pero de una forma civilizada: mezclándonos con ellos. Cuando haya hijos de judíos que se emparejen con miembros de cualquier otra cultura, etnia o religión, será el fin de su dominio sobre el planeta.

Es un tremendo error que permanezcan aislados, cosa que le debemos a las profecías religiosas que han sido válidas para cristianos y musulmanes. Ya lo dijo Jesucristo, solo el amor puede salvarnos: el amor carnal.

Menos bombas, menos subidas del petróleo, menos incrementos de las hipotecas, menos culpabilidades huérfanas y más mezcla. Con cada jenízaro judío que nazca se conseguirá que este mundo sea mejor. Está muy claro, la solución a la guerra del Líbano es la misma que para todas, hacer el amor y no la guerra.

El precio para obtener la paz mundial que debemos pagar, es el de mezclarnos con los judíos, hasta que dejen de existir como realidad aislada, y les liberemos de su estigmatización. El precio de la paz es que los judíos tengan hijos que puedan elegir entre ser judíos y cualquier otra cosa. El precio de la paz no es otro que la liberación del pueblo judío de su condena, y esto solo se puede hacer con amor, por que a pesar de ser judíos, también son humanos, como nosotros (permítaseme la ironía desde el respeto y la admiración por su lucha histórica).

A ver si se enteran algunos espabilados (Osama Bin Laden, Mahmoud Ahmadinejad, George Bush, y nuestro eximio Rodríguez Zapatero), que la cosa no va de acabar con nadie, ni de asfixiar económica o políticamente a alguien, ni de alianzas de civilizaciones imposibles.

Alejandro Magno encontró la solución al problema hace 2400 años; y el ha sido uno de los inteligencias políticas más destacadas en la historia humana, (antes de que esta fuera dividida en Oriental y Occidental); fue educado en un escenario triangular insólito, formado por su padre Filipo (gran estratega político, líder natural y valiente militar), su madre Olimpia (una princesa dedicada a la prostitución divina con una sensibilidad psicológica y un conocimiento extraordinario del mundo humano) y bajo la maestría del sabio más grande de su época, Aristóteles, el padre del racionalismo que logró superar las trampas ideales de su maestro Platón.

El príncipe macedonio resolvió el problema de la diversidad cultural, antes de que existiera el cristianismo y el Islam, pero no hay que olvidar que ya existía el judaísmo. Fue en su conquista de Persia, y sus luchas con Darío su rey, que trató de establecer un pacto de no hostilidad con Alejandro, a lo que este no accedió, por que le dejaría con la amenaza permanente de su invasión.

Aprovechando ventajas, invadió Persia, un país enorme con una gran población, partiendo de Macedonia, un país muy pequeño, con una escasa población. Su dominio del mundo de su época, solo podría mantenerse con una dictadura férrea, que solo duraría hasta que los persas se reorganizarán y expulsaran a su invasor. Por cierto, a pesar de ser el líder más poderoso de la antigüedad, respeto a todos los pueblos que invadió. Los egipcios le hicieron faraón, y los hebreos le tuvieron en gran consideración.

Pero Alejandro resolvió esto con una de las jugadas políticas más inteligentes de la historia antigua. Trasladó la capital de su imperio de Macedonia a Persia, se casó con una princesa de esas tierras, y creo un concepto magnífico: la Homonia, que se puede traducir como concordia (que significa unión de corazones).

Alejandro Magno se hizo persa, siendo macedonio (griego), por que sus compatriotas jamás le traicionarían, mientras que los persas si podrían hacerlo. Es más, sus compatriotas lo intentaron, pero los persas le adoraron, por que el les quiso hasta la admiración. El giro que dio a los conflictos eternos duró mucho tiempo, por que él fue capaz de cambiar, por eso llegó a ser tan poderoso, aunque tenía graves problemas personales y familiares. Julio Cesar hizo algo parecido. Ambos murieron asesinados, haciendo válido el juicio de Hobbes.

Quizás su condición bisexual le ayudó en el proceso, o tal vez el haber vivido en un hogar roto, con unos padres que se odiaban. Su vivencia le permitió ver que las cosas no estaban tan claras como se decía, ni en sí mismo, y esto le hizo dar un vuelco a la política de enfrentamientos, y conseguir una paz imposible, que se prolongó incluso más allá de su muerte.

La solución al problema judío es mucho más sencilla de lo que parece: chico/chica de nariz pronunciada, que no come cerdo, ni bebe alcóhol, y que acude a las sinagogas, conoce chico/chica sin la misma nariz, y quedan un sábado cualquiera en cualquier lugar del mundo, para tomar unas copas, y se pasan el número de móvil y el correo electrónico. En diez años, se acabó el problema, por narices.

Palabra de ser humano. Lamento que en esta ocasión vaya en contra de la palabra del Dios cristiano-musulmán que estigmatizó al pueblo judío (la otra gran religión monoteísta, con la que competían), que posiblemente sea el auténtico origen de todos los problemas que han tratado, sin conseguirlo, erradicarlos del planeta. Por que los hebreos, por su evolución contra todos y contra todo, se han convertido en una especie de escurridizas cucarachas, y han aprendido a no extinguirse. Dejemos de ser miserables y aprendamos de ellos, por que tienen mucho que enseñarnos.

El precio de la paz en Oriente Medio, es una cuestión de narices.

Enrique Suárez

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