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Quizás la felicidad no exista, pero esto no impide que existan quienes sueñan con la felicidad... Este blog está dedicado a los que se atreven a soñar, y dedican su vida a hacer lo posible para que sus sueños se cumplan.
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lunes, 10 de julio de 2006
A propósito de un debate establecido en el GRUPO PARASERFELIZ sobre la conveniencia de que la fiesta nacional, permanezca o desaparezca.

Tras la decadencia de los pensamientos únicos, camino que conduce al olvido de todos los dogmatismos, religiosos, sociales y políticos; no dejan de fluir ideas compensatorias de forma continua. Ideas de cambio, de transformación de la sociedad, de erradicación de la maldad, de "buenismo" , de respeto puritano al medio ambiente y a los demás, de acciones no violentas a medio camino entre las propuestas de Buda y las de Gandhi, de orgullo zen de aquí no pasa nada aunque pase, y otros maravillosos sueños fundamentados en la resolución de la culpa irredenta de haber sido expulsados del paraíso por nuestros pecados.

Todo este compendio de deseos e ilusiones, fundamenta un retorno del poder divino en forma de sucedáneo, que ya ocurrió hace muchísimos años de la mano de algunos avezados y persuasivos filósofos estoicos y cristianos, y posteriormente, tras la Teoría de la Evolución de Darwin. Cuando la idea de Dios no se puede mantener ante la crueldad que el hombre manifiesta por instinto, entonces se sustiye por una forma menor de representación del orden: la Naturaleza, que representa la fuerza de la vida.

La vida tiene mucha mitología. Al parecer, de la vida que ha existido en la Tierra desde los orígenes, han desaparecido más del 99 % de las especies que alguna vez habitaron el planeta. La muerte, también tiene mucha mitología y además da miedo, lo que le da un gran poder simbólico para persuadir de otras cosas.

Cuando se compran filetes en el supermercado (lo en cierta forma recuerda al "maná"), se hace desde la pérdida de todo conocimiento de su origen y sobre el control sobre el proceso de producción. Se consumen sin pensar a que ternera pertenecen. Ese olvido inducido forma parte de nuestra civilización, por que si supiéramos que era de la "Lucera", esa vaca feliz que vimos en aquel prado pastando, posiblemente no nos la comeríamos.

Después de visitar un matadero, uno puede imaginarse como fue Auschwitz. La vida se elimina de forma mecánica. Desde hace muy pocos años, en los pueblos se ha prohibido acabar con la vida de las vacas, también se llevan al matadero. No sé por que la vida de la pobre vaca que pasta alegre por los prados, tiene menos derecho a ser elogiada e incluso defendida ante el inusitado poder depredador de la especie más violenta y carnívora. Hablando del derecho a la vida creo que debemos ser igualitarios. Tanto monta el toro de lidia como la vaca de prado o ¿tal vez no?.

En Asturias y otras tierras del norte de España hay una costumbre que es el San Martín o la matanza, se coge un cerdo, se le cuelga boca abajo, se clava un cuchillo en la arteria correspondiente por el matarife de turno y se espera a que se desangre entre chillidos insoportables. ¡Pobre bicho!. Luego se celebra invitando a los comensales. Los cerdos también sirven en otras culturas para los ágapes, por ejemplo en los lejanos mares del sur, en una ceremonia de despilfarro que recibe el nombre de potlach.

La morcilla se hace de sangre, también los chorizos. Todavía no he oído a ninguna comunidad espiritual- ecológica que haya manifestado algo al respecto, y eso que la costumbre está muy extendida, tal vez sea por eso por lo que no dicen nada. No sé por que los cerdos, al igual que las vacas, no pueden tener defensores aguerridos de su derecho a la vida. Pero como no es fiesta nacional, sino costumbre tradicional, se respeta por que no tiene interés político ir contra ella.

La cultura, a pesar de todo, y de todos, incluye a la muerte; y también la crueldad, por que toda muerte producida es una muerte violente. Recordemos lo que decía Voltaire, que la civilización es la forma más desarrollada de barbarie. Entre otras cosas, se considera que los primeros actos culturales fueron enterramientos, además de la producción de algunas toscas herramientas. Somos seres mortales, y todos los seres vivos nos caracterizamos, entre otras cosas, por que alguna vez habremos de morirnos. La muerte es inherente a la vida.

La Cultura es una elaboración humana, al menos nadie se atreve a decir que provenga de la Divina Providencia. Los seres humanos somos carnívoros por tradición y conveniencia proteica, aunque también podamos ser vegetarianos, lo que es muy respetable; pero en ese caso, deberíamos preocuparnos también por la vida de los guisantes, por que también es vida, y cabe preguntarse que derecho tenemos a acabar con ella. Y que decir de la vida embrionaria que impedimos cuando nos comemos un huevo frito.

Volviendo al arte de Cúchares, insisto, forma parte de la tradición, de nuestra cultura española. A mi no me gustan, particularmente, he acudido en una ocasión a ver al bombero-torero con mi hija y me divertí, no había muerte, pero si un montón de enanos que hacían de bufones, también me pareció cruel, pero es una forma de ganarse la vida, no he vuelto.

Yo no contribuyo a que sobreviva la fiesta nacional, pero está ahí, y lo respeto, por que no me considero con criterio para proponer la abolición de ninguna tradición cultual, por que supongo que quienes las crearon en su momento por algo lo harían y por que representan elementos valiosos para nuestra existencia, aunque sean arquetípicos o simbólicos. Conservar las tradiciones también es una forma de hacer ecología, y de luchar por la libertad, lo que no significa inmovilismo, que no se malentienda.

Pero estoy en contra de la ECOTEOLOGIA, esa creencia proselitista que viene a ocupar el espacio dejado por las religiones tradicionales; estoy en contra de sus dogmas fruto de una doctrina panfletaria, organizada al socaire de consignas políticas que pretenden objetivos ajenos a lo que proponen, mientras las mejor intencionadas buscan una vez más la redención del pecado original. No estoy en contra de la ecología, por que es una ciencia humana, que por cierto, según Hawley y otros, también alcanza a nuestra especie.

La ecología debe ser humana, y debe ocuparse de respetar también las tradiciones y los ecosistemas culturales. Los políticos ecologistas más serios, como Al Gore, aquel candidato que disputó el poder a Bush, hablan de cuestiones como el protocolo de Kioto, el efecto invernadero o la capa de ozono, pero también de las crueles guerras que devastan el planeta, del hambre y del sufrimiento humano.

La ecología tiene cosas mucho más importantes a las que dedicarse, para ocuparse de los toros. De esto se ocupan diversos grupos “anti-establishment”, los nacionalistas, los ecologistas de extrema izquierda, los arribistas, y un grupo menor de gente bien intencionada y sensible que realmente no sabe a quien sirve con sus propuestas. Por supuesto que la ecología deber respetar la vida, pero no la vida de laboratorio, la vida creada a la medida de la simplicidad, sino la vida tal como es, la vida en un mundo habitado por seres humanos y otros seres vivos, y como el ser humano se concede una cultura desde hace muchos milenios, pues también la vida cultural del ser humano.

Hay cuatro posiciones extremas al respecto de las intenciones humanas, una que propone que el ser humano es malo, representada por el Leviatán de Hobbes; otra que considera que el ser humano es bueno, expuesta en la parábola del buen salvaje de Rousseau; otra, con la que coincido, que dice que el hombre es bueno y malo, y que puede representarse con las obras de Locke o Voltaire, en su tratado sobre la tolerancia, y por último, la que niega que el hombre es bueno o malo, que forma parte del radicalismo anti-sistema.

Yo creo en la cultura humana, por que soy de los que piensa que en estas cosas de la creación, como decía el Rig Veda hace 35 siglos: “lo mortal ha hecho lo inmortal y no al revés”, lo que quiere decir que no hay nada vivo que pueda ser inmortal, lo que deja a los defensores de Dios como ser vivo (como ser sobre-Natural), o las formas de la Naturaleza y otras Fuerzas de la Vida, en una precaria situación. Una de dos, o la ciencia se equivoca por completo o de Dios sólo existe su idea, como diría Gustavo Bueno, y por lo tanto no nos ha creado, sino que hemos sido nosotros quienes le han creado a El.

Por supuesto que defiendo que la gente pueda tener creencias religiosas, no soy beligerante al respecto con que la gente asuma en libertad los liderazgos morales que le parezca, pero siempre que se ubiquen en su espacio, que es el mundo de la fe, los rituales y los mitos, que considero muy interesantes, pero irrelevantes a la hora de razonar, o de entender las cosas desde la ciencia o la filosofía.

Es curioso, como hablando de la fiesta de los toros se puede llegar a interpretar la creación del Universo. Tal vez, los toros sirvan para eso, para estimularnos a que hablemos de otra cosa; al igual que el futbol es una representación simbólica y desinflada de la guerra, la tauromaquia representa simbólicamente nuestra relación cruel con el medio, por que somos seres salvajes, carnívoros, agresivos y violentos, que jamás podremos ser domesticados.

Somos animales con instinto de crueldad, por eso hemos dominado el planeta, por instinto de supervivencia y dominación del resto de las formas vivientes; la cultura, la civilización, la educación, la tolerancia, los buenos propósitos, sólo son redenciones y compensaciones de nuestra naturaleza hostil, solo necesitamos sentirnos amenazados y el despliegue de sevicia y saña puede ser inagotable. La civilización occidental está organizada por el capitalismo que es una forma de depredación incomensurable.

Es sencillo dar ejemplos, hay tantos: campos de concentración nazis, vuelos de la muerte en Argentina, exterminio del 95 % de otras formas de cultura, explotación de niños en diversos países, guerras permanentes en todo el planeta, hambre que podría resolverse con los excedentes alimenticios, negación de los derechos fundamentales al 80 % de los pobladores del planeta. Esto ocurre hoy, ahora, y seguirá ocurriendo por que forma parte del juego de que los filetes lleguen al supermercado y no haya que salir a cazar animales salvajes para poder comer carne.

Es el precio que debemos pagar por que nuestra civilización sobreviva, el de reconocer que somos autores por colaboración y consentimiento de todos los desaguisados humanos que ocurren en el mundo, y nadie va a hacer nada por cambiarlo en muchos, muchos años.

La cultura se ha creado para que no nos asesinemos y nos comamos unos a otros, el fuerte dominará al débil, sea humano o animal. Y que lo diga y lo reconozca, no significa que lo apruebe, pero negarlo es ponerse una venda en los ojos. Yo puedo escribir lo que me dé la gana por que tengo la fortuna de ser occidental, me he formado en la cultura que domina el mundo, tengo tiempo, dinero y ordenador conectado a internet para poder comunicarme, y una sociedad con sistemas de protección, de distribución de alimentos, de seguridad, y de ventajas adquiridas por las generaciones anteriores que sufrieron e hicieron sufrir a otros para llegar aquí.

No pienso renunciar a nada de todo esto, incluidos los toros, por que es mi cultura, que está hecha sobre océanos de sangre, asesinatos de inocentes y riqueza inmerecida, y claro que habrá que cambiar poco a poco, y espero que cada vez seamos mejores y hagamos las cosas mejor, pero eso no quiere decir que seamos buenos, siempre, en cualquier condición o circunstancia, por que no lo somos, ni lo vamos a ser.

A mucha gente se le llena la boca con palabras como solidaridad, justicia universal, equidad, erradicación de la crueldad y la violencia, defensa a ultranza de la vida, derechos, responsabilidad, crecimiento sostenible, ahorro energético, paz, democracia, que sólo son palabras piadosas y nada más. Los que tenemos la fortuna o desgracia de vivir en el mundo occidental estamos condenados a mantenerlo como sea, por que si no nos vamos al garete.

La solidaridad, hermosa palabra, es un sucedáneo de la caridad cristiana, que les gusta pronunciar más a los progresistas de salón. Pero tambien ellos, seguro que antes de renunciar a lo que son y a lo que tienen, que es lo que realmente les hace, se dejarán la vida en el empeño, por que renunciar a lo que uno es para que otro sea, no es solidaridad, es idiocía. Recordemos que la democracia se fundamenta en la competición, no en la cooperación.

Pero yo también quiero un mundo mejor, un mundo Disney, una arcadia feliz, una utopía global en la que todos seamos muy buenos; yo no necesito ser malo o cruel para ganarme la vida, pero sé que otros si lo van a ser, por eso la utopía forma parte de mis sueños y no de mi realidad. Aunque luche cada día por intentar que el mundo mejore.

Como Freud decía en el porvenir de una ilusión, soy pesimista sobre los auténticos cambios en la condición humana que se requieren para transformar la sociedqad de forma que pueda cambiar el mundo de nuestros hijos, y que esos cambios permanezcan; no sobre los aparentes, que son muchos y demasiado cacareados por los funestos miembros de la clase política y sus aparatos propagandísticos.

Decía Wallon, que con la educación se puede convertir a los niños en asesinos o santos, no estoy de acuerdo. La santidad es un propósito inalcanzable, y si no leánse Las confesiones de San Agustín, pero se puede mejorar. Esto no quiere decir que no hay hombres buenos, claro que los hay, como no iba a haberlos. Sócrates, Jesucristo, Abraham Lincoln, Che Guevara, Martín Luther King, Robert Fitcherald Kennedy, Gandhi, Isaac Rabin, Miguel Angel Blanco, Ernest LLuch, o Tomás y Valiente, pero resulta patético que todos hayan muerto asesinados. Esto no lleva remedio. Somos crueles hasta con nuestros mejores semejantes.

Hay que tener mucho cuidado con lo que se propone, cuando a una civilización se le quitan sus tradiciones, sus mitos, sus dioses, sus ritos, y su vida organizada desde las costumbres consecuentes, habitualmente se extingue. Por la sencilla razón de que otra con otras violencias nuevas y más inteligente, viene a ocupar el nicho ecosistémico vacío. La civilización occidental es al menos conocida y mejorable, pero hay que ser prudentes en las propuestas de cambio.

Antes de abrir la caja de Pandora de la justicia universal por ser simplemente buenos, pensemos lo que puede ocurrir si realmente somos malos, o si otros lo son. Por que en realidad, somos buenos y malos, es la conjunción de ambas características la que nos hace humanos, criminales y santos a la vez,como decía Voltaire.

Libro recomendado: "Dr. Jeckill y Mr. Hide" de Robert Louis Stevenson

Cordiales Saludos

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